La triste historia de Don Mario y el proyecto de Ley para cambiar el IVA
Título: Pagar el IVA solo si se ha recaudado: ¿por qué esta vez no adoptamos el modelo extranjero?
Autor: Juan Fernando Mejía[1].
Lector técnico: Mauricio Plazas Vega.
Don Mario, reconocido comerciante de Bucaramanga, siente que colapsa su salud y la de su empresa, que por 20 años ha mantenido con esfuerzo y ética. Varios de sus clientes le han incumplido con los pagos y otros le pagan, en promedio, a los 120 días. Pero él debe responder ante la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) por el Impuesto al Valor Agregado (IVA) de esas facturas que aún no le han pagado y, también, demostrar que no se está incurriendo en un delito cuando recibe abonos de las facturas a crédito y no los destina completamente a pagar el IVA, porque también debe pagar nómina y proveedores.
Trata de conseguir préstamos bancarios para pagar el IVA facturado, pero no comprende por qué lo adeuda, si él no fue quien consumió el bien o el servicio. Además, su contador le ha comentado algo que le parece más injusto: el consumidor a crédito puede descontar, compensar o pedir en devolución el IVA que no ha pagado.
Se pregunta si puede informar a la DIAN, marcando en facturas electrónicas a crédito, quiénes son sus deudores, para que el Estado les cobre directamente con su aparato administrativo.
¿Tendrá éxito el proyecto de ley que su abogado y un grupo de empresarios planean presentar, para que el IVA se pague al Estado solo cuando el cliente efectúe el pago en efectivo, como sucede en otros países? El peor intento es el que no se hace, como diría el padre de don Mario.
[1] Magíster en Tributación de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, especialista en Gerencia Tributaria de la Universidad Externado de Colombia y Contador Público de la Universidad de Antioquia, certificado en IFRS por el Banco Mundial y por el ACCA.
Se desarrolla en la consultoría, la planeación tributaria y las políticas contables con efectos tributarios. Fue asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y del Gobierno Nacional en la adopción de estándares contables y asesora reconocidas empresas multinacionales y PYMES.
Entre sus publicaciones está “Timbre e Inequidad tributaria en Empresas de Servicios Públicos Domiciliarios, en la editorial Legis y diversos artículos en portales como actualicese.com y en globalcontable.com
Don Mario, un respetado comerciante de Bucaramanga, respira con dificultad en la camilla de urgencias. Ni su salud ni la de su empresa parecen ir muy bien.
El sonido de los aparatos médicos indica que su ritmo cardiaco es similar al latido financiero de su mediana empresa: un caos en el que vive hace unos meses, donde se ha visto a punto de cerrar por no poder pagar al Estado el IVA de sus ventas a crédito, el cual no ha podido recaudar.
Frente a él, una luz blanca le impide enfocar las señales eléctricas del monitor, pero lo que sí recuerda nítidamente es el logo de la DIAN en la comunicación que recibió esa triste mañana.
Antes de leerla, pensó que se trataba de un reconocimiento por haber contribuido tantos años para que el Estado funcione, incluso con las críticas que popularmente ha escuchado sobre la corrupción política y el destino de sus impuestos.
En el Club Campestre de Bucaramanga, donde asiste regularmente, para hacer contactos comerciales, escuchó de la norma que regula el “premio fiscal”[1] y recuerda cómo se mencionó, entre risas, que ninguno de ellos se lo había ganado.
Al fin y al cabo, recibir una carta de la DIAN no debería ser causa de infarto y debería ser válido pensar que justamente él podría ser merecedor de ese premio: no como el primero en ganárselo, sino como un candidato legítimo.
Y en verdad, él fue de los primeros en implementar la facturación electrónica, contrató abogados y contadores para que explicaran a su personal, pagó a un proveedor de software y siempre le ha dicho a su contador que la ética es el principio para que le vaya bien en los negocios. Hasta por sus convicciones religiosas ha preferido siempre no mentir y, por lo tanto, ser cumplido con sus impuestos, como lo leyó en la Biblia, donde dice “[…] … dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”[2] (ni siquiera compraba Compact Discs piratas cuando los vendían cerca del Centro Comercial La Isla[3]).
Pero no se trataba de un premio. La carta era un requerimiento para pagar el IVA de unas facturas emitidas varios meses atrás.
El tono era fuerte (como suelen ser estos comunicados), pues decía que la falta de pago del IVA daría lugar a cobros y anunciaba que la DIAN “podría” denunciar esto ante la Fiscalía General de la Nación.
Su abogado le dijo que eso le podía dar cárcel; especialmente, porque algunos pequeños abonos de estas facturas habían sido destinados a pagar nómina, y no a pagar el IVA, incluso cuando estos eran tan bajos que no cubrían dicho impuesto y la ley no permite entregar al Estado de forma proporcional a lo recibido. Había pensado don Mario que primero estaban sus trabajadores y su producción textil, sin olvidar nunca su honestidad para pagarle al Estado.
La carta también decía que le podían cerrar el negocio y hablaba de varias normas, desconocidas para él, pero que sonaban muy serias y con alto potencial de aumentar la frecuencia cardíaca.
Mientras su esposa organiza la historia clínica en una carpeta azul y una enfermera ajusta el suero, don Mario hace cuentas simples, pero certeras, agilidad mental que lo caracteriza.
Con sus ojos en el gotero, piensa en sus ventas. Sabe bien que por cada $119 que factura, solo $100 son suyos y los otros $19 son del Estado. Pero sus clientes —algunos supermercados y grandes almacenes— le pagan a 120 días o, incluso, 180 días. Sin embargo, la ley, sin contemplación, ¡le exige pagar ese IVA—… ya!
— ¿Cómo puedo pagar un IVA que no he recibido? — pensó en voz alta.
Su esposa le preguntó a la enfermera si él estaba desvariando, es decir, si deliraba.
Él sonrió en medio del drama y la enfermera, que no tiene idea de negocios, le dijo: — ¡le va a tocar prestar dinero en un banco para pagar el IVA! Pero recordó, de inmediato, que estaba siendo imprudente, pues el paciente tenía, al parecer, un preinfarto, producto de sus preocupaciones económicas generadas en el IVA por ventas a crédito.
Pero don Mario ha sido dicharachero: le gusta conversar y poner ánimo a las situaciones difíciles sin quitarles seriedad (¡aunque esto del IVA se la ha ido saliendo de las manos!).
Por eso respondió emotivamente a todos los que estaban con él (que ya eran cuatro, pues había entrado otra enfermera, con el gorro que la identifica como jefe, para recibir reportes y para presentar a un nuevo enfermero que haría relevo de turno).
Les dijo que a su mente venían las palabras de su padre, cuando le dijo: “El que paga lo que debe sabe lo que tiene”. Y lo dijo con gran sentimiento, porque son principios que se aprenden desde casa y se deben aplicar en todo, hasta en lo tributario.
Todos, en la sala de un hospital, apenas si se enteran de esas cosas del mundo tributario, tan ajeno a su labor, pero a su vez, tan cercano: cuántas enfermedades vendrán del estrés que tiene un empresario ante una fiscalización y, sobre todo, ante situaciones que se sienten injusta.
Continuó contándoles a todos que su padre fundó la primera versión de la microempresa y le enseñó cómo hacerla crecer, hasta hoy, cuando es una mediana empresa con alta proyección y generación de empleo, a no ser que se quiebre por este problema del IVA.
Y su orgullo, como hijo, es que siempre lo había hecho así: a pulso, con esfuerzos que nadie imagina, con trasnochos, sacrificándose por la familia, pero buscando siempre que sus trabajadores se sientan bien y que crezca su país, desde su Ciudad Bonita, apelativo de su natal Bucaramanga.
Por primera vez en su vida enfrenta lo que su esposa llama un “dilema ético”: considerarse un hombre recto o reconocer que le debe algo al Estado (“¡Un absurdo! —dice él—, porque sus clientes no le han pagado, aunque él les ha cobrado —sutilmente, pero sí! —).
Un enfermero que aplica la lógica de la salud humana y, sin saberlo, aplicó la lógica a la salud de una empresa pregunta: “Pero… ¿cómo es eso?, ¿Usted debe un dinero que aún no recibe?
Y continuó diciendo: “¿No debería el Estado cobrarle al cliente, que finalmente fue el que compró?”.
“Es increíble que una persona ajena a los negocios piense de manera tan sensata y comercial” — pensó don Mario —. Y claro que está de acuerdo con que el Estado es el que debe cobrar el IVA a sus clientes, pues fueron ellos los que consumieron el bien o el servicio. Estos deberían girarle directamente una parte de la factura al proveedor y otra al Estado, con tanta tecnología que actualmente tiene la DIAN y tenemos todos.
El contador, que había acabado de llegar para pedir una firma inaplazable, dijo entre risas, que, si las facturas a crédito se pudieran endosar al Estado, sería más fácil que esos valores llegaran a sus arcas. Además, el mejor cobrador es la DIAN.
El personal médico había continuado la charla, pues entendían que la idea no era solo guardar la calma, sino que habían visto al paciente recobrar sus energías, especialmente contando esas bonitas historias familiares, con la emoción del emprendedor, con el sentimiento de los buenos recuerdos y con el énfasis en la ética empresarial.
Las teorías médicas modernas permiten tratamientos alternativos y observar al paciente para que no solo se dedique a dormir, sino para que esté bien acompañado, mientras cuenta sus historias.
Pero a la jefe de enfermería, la última que había llegado, le pareció que, en todo caso, era hora de dormir y decidió que alguien vigilara el monitor, que ya muestra una estabilización del ritmo cardíaco.
Mientras intenta dormirse, don Mario, sin acelerar su corazón, pero sí su mente inquieta, analiza que es ilógico que si le debían $119 y le abonaban $60, por lo menos $50 deberían ser para él pagar la nómina y a sus proveedores, y que unos $10 serían para el Estado. Pero no era así.
“¡No valemos nada!” — se dijo —. Pero no por temas de salud, sino porque el oficio de la DIAN era claro en que todo lo recibido debería destinarse primeramente a cubrir el pago del IVA al Estado. O al menos una parte, porque en muchos casos recibía pocos abonos y, en otros, ni siquiera recuperaba nada de lo facturado. “¿De dónde sale esa preferencia por pagarle al Estado antes que a sus proveedores y a sus empleados?”, — se ha preguntado siempre, y nadie le ha sabido dar razón de ese supuesto derecho.
Recuerda que en el banco le dijeron que, a pesar de su buena reputación, no podían prestarle para pagar el IVA. El director de la sucursal de un banco, en el barrio Cabecera, le dijo hace una semana: “¡sus indicadores de caja no le dan!”.
Y tenía la razón. Cierta vez, hasta había tenido que vender uno de los carros de su familia para girar a la DIAN el IVA de sus ventas a crédito.
El monitor cardíaco suena a ratos, y él mismo, mentalmente, se llama a la calma.
Pero siente tristeza por la gente a la que ayuda porque es posible que deba despedir personal, incluyendo a una operadora de la máquina plana que ya lleva quince años trabajando con él y que ahora debe enfrentar el pago del primer semestre de la universidad de su hija.
También piensa en su esposa y en sus propios hijos, que lo acompañan a la Feria de la Moda en Medellín y a otras ferias, y que ahora lo ven en una sin salida, por culpa de un sistema tributario que le exige un IVA que sus clientes no le han pagado.
Pero lo que más le duele es que esos mismos clientes morosos e incumplidos se descuentan el IVA que no le han pagado; es decir, pagan menos impuestos y la DIAN hasta se los puede devolver, según le dijo su contador.
Eso le sorprendió porque se le ocurrió que el Estado ganaría mucho si les exigiera, a esos clientes, que solo se puedan descontar el IVA si lo han pagado a quien les hizo la venta … ¡y en efectivo!
Por lo menos dos cosas parecen claras: la primera es la bolsa transparente del suero, que cuelga del brazo mecánico de la cama hospitalaria, y la segunda, que el Estado castiga al que cumple y premia al que incumple.
Sin embargo, con franqueza, recordó que sus clientes no es que sean incumplidos, sino que esto del comercio es una cadena. Seguramente a ellos tampoco les han pagado. La televisión dijo esta semana, que hay recesión económica. Ha subido el desempleo y el Estado no está recaudando, por lo cual todos dicen que la DIAN anda buscando dinero en todos lados.
Finalmente se duerme, y su esposa piensa que ellos, como todos los medianos empresarios del país, no piden tratamientos especiales, sino que los consideren, pues las grandes empresas (y algunas de ellas son sus clientes) sí pueden vender todo en efectivo… ¡dinero en mano!
Al día siguiente, don Mario está calmado; las medicinas surtieron efecto. Desayuna y confía en lo que su esposa dice, en cuanto a que tantos tributaristas, academias, especializaciones y hasta maestrías deberían tener soluciones para estas cosas.
Y presiente que los políticos podrían estar interesados en buscar soluciones para los empresarios y así obtener unos voticos, ¡claro está!
— “Esto tiene que mejorar” — dice mientras respira despacio y mira hacia un cristo situado en una montaña llamada “Ecoparque Cerro del Santísimo” de Floridablanca[4]. Seguirá creyendo en Dios y en el país.
Finalmente ve una luz al final del túnel (y no son malas noticias, ni está cambiando de plano existencial): justo entonces, parpadea su celular con una llamada de un antiguo amigo del colegio.
Se trata de Harold, que lo llama más o menos cada año desde Inglaterra, donde vive hace tiempo y donde abrió un negocio. Le preguntó cómo estaba, y él le contó su problema de salud y el de su empresa, y que ambos eran por eso del tal IVA.
—¿Pero en serio en Colombia te cobran el IVA, aunque tus clientes no te hayan pagado? —le pregunta Harold, con incredulidad.
—¡Sí, señor! Y no pague, y verá que lo embargan a uno, y hasta lo amenazan con cárcel.
—¡Pero Mario, eso aquí en ‘UK‘[5] es hasta ilegal! Nosotros usamos lo que mi contador llama el ‘cash accounting scheme‘[6]. ¡Aquí todo es maravilloso!
—¿En serio? —pregunta don Mario. Y siente una gran alegría porque se disipan las sombras de sus preocupaciones; no a corto plazo, pero todo empresario planea y juega con expectativas y optimismo. Eso también se lo enseñó su padre.
Piensa que su empresa sobrevivirá si logra que esto lo cambie algún político, término que no siempre se debe entender como algo malo. Él cree que hay políticos haciendo grandes cosas.
Cuando esa misma tarde es dado de alta, don Mario llama a su abogado y a otros contactos y se pone manos a la obra: cree que un proyecto de ley es factible y convoca a otros empresarios del sector para que le ayuden a pensar en qué debe hacer para pagar el IVA solo cuando sus clientes le hayan pagado por ventas al contado y que en las ventas a crédito se pueda informar a la DIAN, en las facturas electrónicas, cuánto debe girar el cliente a quien le vendió y cuánto debe girarles a ellos, para que cobren y mejoren la eficiencia, como se hace en una empresa bien manejada, por un buen hombre de negocios.
Si esto se hiciera, piensa don Mario, se aumentaría lo que recoge la DIAN, lo que tanto están necesitando ahora, según dicen por ahí.
Sería una gran mejora para la salud financiera de las empresas, de los empresarios y del Estado, como dice Harold que se hace en esos países.
¡Ahí también deberíamos copiar, o al menos adaptar, el modelo extranjero!
¿Es constitucional que el artículo 429 del Estatuto Tributario obligue a pagar el IVA en operaciones a crédito, antes de haberlo recaudado?
[1] Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), «Artículo 618-1», en Estatuto Tributario: Decreto 624 de 1989. Consultado el 9 de febrero de 2025,
http://normograma.dian.gov.co/dian/compilacion/docs/estatuto_tributario.htm#618-1
[2] Biblia. Mateo 22:21. Versión Reina-Valera.
[3] Espacio comercial emblemático de Bucaramanga, inaugurado en 1987, que reúne más de 600 locales de diversos productos, surgido para organizar a comerciantes informales. Centro Comercial La Isla”. Fuente: Minube, consultado el 26 de abril de 2025, https://www.minube.com/rincon/centro-comercial-la-isla–a3665627.
[4] Infraestructura rodeada de naturaleza, acorde al entorno ecológico del lugar, que tiene como principal atractivo El Santísimo, una escultura artística de gran dimensión, … y detrás de él, una estructura tríptica con dos ascensores panorámicos que en su recorrido llegan a una altura de 40 mts. Fuente: Ecoparque Cerro del Santísimo, Floridablanca, Santander, Colombia. Proyecto turístico inaugurado en 2015. Información consultada en https://cerrodelsantisimo.com/
[5] UK: sigla utilizada por Harold para referirse a United Kingdom, que en español traduce «Reino Unido».
[6] Cash accounting scheme: expresión en inglés que traduce literalmente «esquema de contabilidad de caja». Se advierte que esto no significa un incumplimiento de las NIIF, pues como se explica más adelante, el IVA se reconoce en el mismo momento de la operación, es decir, en el momento del devengo; solo que el IVA por pagar no lo reconoce el vendedor a crédito, sino el comprador persona jurídica o persona natural responsable de IVA.
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